El pasado 18 de diciembre los satélites estadounidenses vieron una “pequeña” llamarada sobre el Mar de Bering, en el océano Pacífico. Desde el espacio la llamarada podía parecer pequeña, sin embargo se trataba de la segunda mayor explosión de un asteroide registrado en los últimos 30 años. Frente a la costa de la península rusa de Kamchatka se acababa de desprender una energía equivalente a 173 kilotones.

¿Cómo es posible que sólo ahora nos hayamos enterado? El asteroide fue detectado inicialmente por los satélites de la Fuera Aérea de EEUU, también por las estaciones infrasónicas instaladas para detectar posibles detonaciones nucleares. Sin embargo, el CNEOS, que rastrea objetos peligrosos cerca de la Tierra, tardó meses en registrarlo. Muchas veces se necesita analizar para saber exactamente de qué se trata. Por otro lado, ocurrió en una zona del planeta lejana a la población, por lo que no habían testigos que pudiesen verlo y reportarlo.

El asteroide en realidad sólo tenía varios metros de diámetro. A una velocidad de 32 km/s ese tamaño es más que suficiente para explotar con la fuerza de varias bombas atómicas. Más que suficiente también para que la explosión se vea desde el espacio. Hay una fotografía en la que podemos ver en el vasto océano con sus nubes blancas una llama naranja.

La explosión del asteroide vista desde el espacio.

Cada vez somos capaces de detectar y rastrear las órbitas de más asteroides y en general objetos cercanos a la tierra potencialmente peligrosos. Sin embargo, aún quedan muchos por registrar y poder predecir cuándo van a impactar contra la Tierra, si es que hay posibilidades de que lo hagan.

Si es por récords ni el asteroide del Mar de Bering ni el de Chelyabinsk son los más grandes jamás registrados. En 1908 una asteroide provocó una explosión de 12 megatones en Tunguska, una remota región de Siberia (otra vez). Pero aún hay explosiones más fuertes, o que por lo menos que se han escuchado más fuerte, como la que provocó la erupción del volcán Krakatoa.

Por suerte, la mayoría de los asteroides que impactan contra la tierra se desintegran en la atmósfera y sólo producen pequeñas cantidades de “escombros” en la superficie terrestre. Por otra parte, por el hecho de que la mayor parte de la superficie es océano, se puede decir que actúa en cierto modo como escudo y también evita daños humanos.

Fuente: CNEOS


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