El mono mira, el mono hace

Hay que tratar todo lo que es bello, bueno y verdadero igual que si fuese una semilla. Hay que proporcionarle algo de terreno, un lugar oscuro en el corazón, no hacer ostentación. Pero resulta que todo el mundo hace justo lo contrario: ocultáis todo lo erróneo; no queréis que los demás se enteren. Todo lo feo lo ocultáis, y todo lo bello, aunque no lo sea, intentáis anunciarlo, magnificarlo y mostrarlo. De ahí proviene la miseria, porque lo feo crece y lo bello se pierde. Lo falso crece, se convierte en una semilla, y lo verdadero se tira. Lo precioso se tira y la basura crece; os convertís en malas hierbas. En vuestra vida no aparecen flores porque nunca habéis hacho lo adecuado: esconder la semilla de la flor en el interior.

El mono es un imitador perfecto. ¿Qué has estado haciendo durante toda tu vida? ¿Has sido hombre o mono? Imitas, miras qué es lo que hacen los demás a tu alrededor y haces lo mismo. Miras a alguien que camina de una cierta manera e intentas hacerlo también; alguien lleva un vestido determinado, y también quiere tenerlo; alguien se ha comprado un coche y te gustaría tenerlo: ¡todo!

Ninguno se para nunca a pensar en lo que realmente necesita. Si así lo hicieran, la vida se convertiría en una existencia gozosa, porque en realidad no hay muchas necesidades. La imitación te llevará por un camino que no llega a ningún sitio. No se necesita gran cosa, solo existen unas pocas necesidades; si te dedicas a tus necesidades, entonces te sentirás satisfecho. Pero si te dedicas a imitar, entonces aparecen millones de necesidades innecesarias. Y no hay límite para todo eso, porque hay millones de personas y te gustaría imitarlas a todas. Es imposible; uno empieza a vivir las vidas de todo el mundo y se olvida de que está aquí para dedicarse a sus cosas, convirtiéndose en un imitador.

¿Pero cómo se puede florecer si todo lo que se hace es imitar?

Cada uno está aquí para colmar su propio destino y ese destino es algo individual, no es de nadie más. Has venido a esta existencia para satisfacer un destino particular, que no puede llevar a cabo nadie más. Ni Buda ni Jesús pueden hacerlo, sólo tú puedes. Y resulta que no haces más que imitar. Por eso los hinduistas dicen que a menos que dejes de imitar, te verás abocado a una existencia tras otra; esa es la teoría del renacimiento. Naces una y otra vez a menos que colmes tu destino; a menos que florezcas, deberás regresar.

OSHO Cuando, el calzado es cómodo… te olvidas del pie Enseñanzas sobre las historias del sabio taoísta Chuang Tzu Ch. # 5. Monkey Mountain


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